Farbuzallar. El origen de la palabra es aún incierto. La usamos comúnmente como "tontear, errar o fallar". Su historia no deja de ser sorprendente.
Como con tantas otras de nuestras expresiones, existe una gran cantidad de teorías -algunas de ellas incluso contradictorias entre sí- que sugieren un origen común con la expresión farfullar (que significa "hablar rápido, de manera confusa") mas diversos especialistas niegan esta versión puesto que, dicen, son "etimológicamente incomplatibles".
John Keller investigador a cargo del departamento de Lengua y Literatura de la Universidad de Cornell West, en Inglaterra, opina "el origen está en la palabra farbutza que en arameo significa algo así como cáscara o desecho... Sabemos que las personas llamaban farbetzo a quienes recogían los desechos de otros, como nuestros actuales empleados de limpia, pero cabe señalar que a diferencia de nosotros, ellos en realidad no elegían dedicar su vida a esas labores sino que eran prácticamente obligados por el clan... Desde pequeños alimentaban deficientemente a tales individuos y su educación era básicamente una forma de prepararlos para el trabajo que cumplirían por el resto de sus vidas, por si esto fuera poco, les inculcaban modelos muy estrictos de interacción con sus iguales y máxime con los grupos dominantes que provocaban un aislamiento generalizado."
Actualmente la palabra farbuzallada es utilizada como sinónimo de tontería. Cuando le preguntamos al profesor Keller cómo es que llegó a esta acepción, responde: "el camino seguramente es más largo de lo que podríamos pensar" pero "se cree -y aquí es donde los investigadores aún no concuerdan- que eran considerados tontos por cumplir con esas tareas, o quizá también porque se creía estaban predispuestos a ellas. Otros datos nos hacen pensar que el grupo dominante los nombraba así para legitimar su estatus. Por otra parte, podría también ser una forma de reconocer una cualidad innata, una especie de incapacidad prenatal que los marcaba de por vida para ser empleados al servicio de la clase superior...
Yo por supuesto no creo en esta última -enfatiza Keller con el dedo índice- pero es interesante ver cómo en algunas de nuestras sociedades antiguas los individuos eran adoctrinados desde la cuna para creer que toda su vida sería el resultado de fuerzas incomprensibles, prenatales y extrahumanas, de las que difícilmente podrían liberarse. Toda nuestra historia podría ser leída a través de esa metáfora.
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