La lluvia cae pero sólo a veces nos moja. Quizá nadie en este túnel que nuestro vagón del metro atraviesa lo sepa, pero afuera justo arriba de sus cabezas comenzó a llover.
Nadie excepto Juan, que es una especie de medium climatológico pero que no resalta entre los demás tanto así que algunos al salir lo empujan en cuanto se abren las puertas en la estación Hospital General. Mientras él se reincorpora mira acercándose con pazos largos a una joven monja que se introduce al vagón -ahora semi vacío- y una vez dentro lanza con gritos una pregunta al improvisado auditorio: ¿quién de los aquí presentes será el primero en cederme un asiento? Apenas lo dice deja envueltos a todos en un silencioso frío mismo que pagan con miradas expectantes los unos a los otros.
Al fondo del vagón va sentado Ernesto de 35 años, trabajador de una aseguradora que lo obliga a utilizar corbata y camisas de manga larga incluso en primavera. Él no sabe nada de lo que está pasando, lleva puestos los audífonos de su iPod-Nano color púrpura que le permiten alejarse aunque sea momentáneamente de todo lo demás de una manera chick ves? En otro asiento, justo detrás de la monja está Lucia, hija única de Marisol de 25. Tiene apenas cuatro años, los mismos que lleva casada su madre con Roberto -alias "El Rob" para regocijo de la creatividad- que es licenciado en Comunicación por la UNAM generación 1994-2000 y trabaja en una compañía encargada de hacer encuestas de mercado contratando jóvenes de entre 18 y 25 años con las tardes libres para trabajos sencillos, favor de comunicarse con la Licenciada Carmen al número 54 34 3378. Mañanas.
La licencia Carmen Bermúdez, mujer gorda de 40 años aquejada por la celulitis y que, desde ya, teme su inminente entrada a la menopausia odia a esos niños que entre los semáforos suben al cofre de su camioneta color arena para lavarle el parabrisas puesto que alguno de ellos debió aboyarlo, tal como le hizo creer a su esposo cuando éste, varios días después, notó un golpe en la fascia delantera consecuencia de esa abominable tarde que iniciaron las rebajas de invierno en que calculó mal la distancia entre el café arena de una Voyaguer 2010 y el gris cemento de la columna marcada con la letra “E” en el estacionamiento del Mall. Por tales niños dejó de tomar Avenida Patriotismo los miércoles en las tardes cuando se reúne con sus amigas de la preparatoria para tomar café y platicar de absolutamente nada que pudiera ofender a alguna de ellas, so pena de ser exiliada, pero Carmen no soportaría separarse de sus amigas, las únicas que verdaderamente la entienden. No es que le importe su imagen, es que no concibe vivir de otra manera por lo que mes con mes invierte con placer en peinados y maquillaje más de lo que Esteban, estudiante de Creación Literaria en la UACM plantel Del Valle que ahora mismo cede su asiento a una joven monja con tacones, gastaría o ha gastado en fotocopias en los últimos 2 semestres.
Si Israel Yerrahi estuviera en las mejores condiciones (ya sabes, esos malos juegos lunares que sacan a la gente del centro) diría algo así como "Cuando apenas me das una pequeña muestra, una mirada, un detalle, mi corazón no puede evitar vibrar. Aunque no tiene lógica (buen signo, sí) esto es exponencial, te esperan 3 regalos"
ResponderEliminarEsperemos que Israel Yerrahi pueda susurrartelo pronto...