martes, 15 de febrero de 2011

EL lector perezoso

''Seamos perezosos en todo, excepto en amar y beber, excepto en ser perezosos"

Gotthold Ephrain Lessing (1729-1781)


Un hombre con traje gris entra con pasos largos a una inmensa librería. Va directamente al mostrador central donde un joven empleado está leyendo. El hombre de traje no se permite a sí mismo esperar. Sin hacer contacto visual pero con voz grave dice: Estoy buscando este libro… (Muestra una tarjeta blanca marcada con los datos del ejemplar.) Es una selección con los mejores 100 fragmentos de los mejores 100 libros –explica-. Mecánicamente el chico despega los codos del mostrador, pone el separador en su libro y toma la tarjeta. La revisa por ambas caras. Se rasca la cabeza dubitativo. Una vez de pie, gira despacio, muy despacio sobre su propio eje mirando como el primer día los enormes anaqueles repletos de libros que acarician el techo y piso del lugar, hasta de pronto encontrarse de nuevo con la mirada desesperada del hombre gris. Volviendo en sí, caballo que sacude la crin, el muchacho entrega respetuosamente a su propietario la tarjeta, baja la mirada hasta topar con sus gastados tenis y dice: Señor, no quisiera parecer indiscreto sabe, pero me gustaría hacerle una pregunta, muy sencilla a mi ver y que seguro a alguien tan exitoso como usted no le molestará responder… Orgulloso en su papel, mono besando al espejo, el hombre hace un discreto movimiento de cabeza que significa“continua”. Jubiloso el joven dispara: dígame… cuánto tiempo le dura a usted un orgasmo. La sorpresa no admite solemnidad, es invierno en la nuca, las cejas están exiliadas de la frente, el hombre no puede oculta su pasmo, su vergüenza.Una combinación de colores -su rostro- la cantidad de emociones por las que transita. Desarmado ante la improvisación, figura hecha de repeticiones, empleado de la rutina que ve en la salida su salvación. Regresará luego… cuando haya tiempo...

El chico mira su reloj de pulsera. Faltan tres horas para que termine su turno. Exhala, quita el separador de su libro, vuelve los codos al mostrador y lee.

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